
Había una vez un sapo que tenía mucha hambre. El quería comerse una mosca, pero en todo el lugar sólo había hormigas. Como no le gustaban las hormigas, se enojo y dijo que no iba a comer. Como no comió, murió de hambre y de repente, cuando despertó, estaba en un lugar muy pero muy raro: había un cielo de color gris y todo el lugar estaba lleno de puras hormigas. Por alguna razón seguía sintiendo hambre, pero se dio cuenta de que ya estaba muerto, y dijo: “¿Por qué si ya estoy muerto sigo sintiendo hambre?” Y así paso el tiempo hasta que el sapo no aguantó más: se arrepintió y se comió una hormiga. Al momento que la probó se desmayó, y cuando despertó apareció en su casa y descubrió que no había muerto, sino que todo había sido sólo un sueño, y dijo: “nunca más despreciaré la comida”.

